martes 30 de junio de 2009

Y los ángeles ríen



Y los ángeles ríen, dichosos;

los agrada jugar en la escarcha.


Se nombran según las estrellas sobre sus cabezas,

mientras envidian el semblante del árbol.


Se violentan, y Gabriel les reprende:

Más les vale pedirse perdón,


y con los dedos cruzados se dan la mano.


Sonríen, cómplices, mientras el otro va a peinarse sus alas.

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- Qué se cree el Gabriel.

- Si tan pacíficos cómo vamos a ser.


Urdieron un plan, pasito a pasito

sobre los lunares del sol.


- Échese crema, señor, que le va a dar cáncer.

- Ya salió el maraco preocupándose por weás.


Y de los anillos del comprometido Saturno

robaron el discurso maltrecho de la arena.


Tres cucharaditas en la sopa de Gabriel.

A ver qué pasa.


¡Zas!


- ¡Puta que me pegó fuerte!


¡Zas!


- No digai garabatos, gil…


¡Zas!


- A vo' nomá se te ocurre ponerle arena a la sopa.


Y, cucharón en mano, Gabriel los ahuyentó,

ahí, al rincón más oscuro del huerto.


- ¡No me hagan acusarlos al papá,

que su cucharón es harto más pesao'!